1 de junio de 2009

100 años de preguntas


Color de muerte, giba, bastón. Y una pregunta más cerca del final. Una presencia no obligada, donde los debería ya no existen.
Ser hombre significa preguntarse. Y ahí está. Quizás faltándole 15 años para el centenario.
Las noches son más largas, los días más cortos. El bastón que colabora en el andar, los huesos roídos, la mente lúcida, invadida de preguntas.
La torpeza me pregunta: Por qué un hombre de 85 años tendría ganas de trasladarse con algunos grados sobre cero para oír sobre dos desesperanzados. Qué aprender de unos sujetos tan asqueados del iluminismo cuando la muerte anda rondando.
Se sitúa, su Da-sein está siendo, único, sin esencia, sólo experiencia. “Nietzsche tiene cierta ironía hacia Descartes”, comenta el centenario, y él se sonríe ante la mano escuálida que lo invita, pero la ignora.
Aún quiere oír, aunque más no sea de aquello que conoce.
Se pasó su vida entre tubos de ensayo siendo bioquímico, preguntándose qué haría a sus 85 años.
Combinado al detalle, moderno, el bastón parece sólo un accesorio de su caballerosidad.
Por instantes escapa de mi campo visual, imagino que va a pedirle un poco de tregua a la muerte. Vuelvo fortalecido, con más preguntas. Siendo a partir del lenguaje-lengua-habla, Saussure. Siendo un ser occidental, con la predominancia de la racionalidad.
Sintió el olor a muerte de Hiroshima y Nagasaki, vio a los americanos revolcarse entre trincheras ajenas en Vietnam, oyó a un delirante hablar de capas que protegerían al mundo de ataques socialistas, palpó los aconteceres de Bahía de los Cochinos, pese a todo, le quedan ganas de ver, oír y palpar algunas otras partes de la historia que lo encontraron distraído.
Persevera olvidándose de las diez posibles razones para la tristeza del pensar.
El pensar es pesar, y en la suma aparentemente valió la pena. Pensar es memoria, y este hombre vaya que la tiene.
Nos encontramos en la vuelta a lo originario, revalorizando lo emotivo. Pero no, no nos encontramos. Yo sólo lo miré, lo admiré, lo amé, lo interpreté, pero no le pregunté.
Somos temporalidad, quizás ese enunciado lo haya trasladado, quizás percibió que su tiempo se acababa y considerando que Dios ha muerto, tal vez fue a preguntar a dónde iría.

2 comentarios:

el Rafa dijo...

Estoy contento de no entender algo que no es de fácil entendimiento. Primero no quería comentar para no ser el nabo que no entendía algo elemental :P

Marie Augustine. dijo...

Me encantaron esos zapatos rojos!
Muyy interesante el blog.