26 de diciembre de 2010

Huelga de besos.

Nada que decir. Nada por contar. Con una amargura insoportable, hasta contagiosa y no es lo que soy, sólo es lo que me acontece hoy.
Con una soledad insoportable, una cama gigante, un pasado vincular reciente y otro lejano que no tolero. Un muerto que casi está instalado en los hechos que trascienden lo onírico. Un último abandono que no me deja sentir. El fin de la esperanza. No soy lo que era, lo que me gustaba ser.
Era la que se reía mostrando todos los dientes, la que creía en las personas, la que amaba hasta la locura sin temor a equivocarse, la que le gustaban los besos sin mesura, la que se aventuraba en absurdos con orgullo. Ya no soy eso. Me extraño.

Lo mejor es cerrar.

Cerramos por derribo.


Gracias por venir.

Ha sido un placer.

25 de diciembre de 2010

Tararán

La nieta, el tío y la abuela

El padre de alta cuna

La bella madre de una

Familia muy normal



Si van a visitarla

No espere una fiesta

Aquí verán a

Esta familia tan normal


Qué hermosura

Qué dulzura

Qué locura



Si quieren divertirse

Que al cabo no les cuesta

Aquí verán a esta

Familia muy normal.


La nieta


















El tío La abuela





La madre y el padre



Tararán... qué familia más normal. Lo bueno es que la niña no volverá a cumplir 15 años. Capítulo aparte: el abuelo. Impresentable.

Tararán...

11 de diciembre de 2010

Preguntas incómodas

(Diálogo en un peatonal)
Lucas: Ferrrnanda, ¿por qué no tienes hijos?.
Mi persona: Sí que tengo, el Bruno y la Fede son mis hijos.
Lucas: No soy tonto, esos son perros, no son tus hijos.
Mi persona: Es que no tengo marido (no me caracterizo por las respuestas inteligentes ante estas preguntas).
Lucas: A verrr, vení (me agarra de la mano y me lleva a caminar con él). ¿Ese te gusta? (y señala a un transeúnte), vení. Dirigiéndose al extraño: ¿Usted se quiere casar con mi tía?, yo quiero tener más primos.

(Que mi sobrino de 6 años ande mostrando mi miseria por la calle me mató de risa, pero cómo le iba a contar que mi vida amorosa yace en el olvido, que tengo una larga lista de amores fallidos, no daba).

(¿El extraño?, se fue al carajo, no estaba interesado en casarse con la tía)
Entre otros roles que me impusieron ejerzo el de ser tía (http://anaqueldezapatos.blogspot.com/2009/01/mis-niitos.html). Hace casi quince años que giro la cabeza cuando dicen “Tita”. Y soy de esas tías que hacen regalos, pero que les recuerda cuánto hay que trabajar para obtenerlos. Soy de las que le dicen que la vida a veces es una bosta, de las que se enoja cuando reprueban materias, de las que les cuenta que la mediocridad y la pereza son un vicio horrible. También soy de esas tías que habla abiertamente de sus sobrinos favoritos, aunque los regalos son siempre para todos y del mismo tamaño. Además soy de las tías que pide mano dura, que les recuerda que una de sus principales funciones en la vida es la de aprender, soy de las que les recuerda que mi hermana trabaja durante horas eternas para que ellos no tengan necesidades.
Soy de las tías que ponen apodos y enseña insultos que jamás aplicarán (salvo dos sobrinos díscolos que tengo que sí los utilizan), soy de las tías que no abrazan ni les recuerda cuánto los ama. Quizás, pese a que son niños, creen que su tía es un tantito fría.
Sin embargo, en dos semanas, mi única sobrina mujer, Antonella, cumple 15 años. No soy fanática de estas celebraciones del mundo occidental, odio toda esa parafernalia y me joden las fiestas multitudinarias, sin embargo (y vamos de nuevo) vengo moqueando desde que compramos la tela para el vestido; cada suceso vinculado a la celebración me hace correr la mirada, cambiar de tema y esconderme detrás de los lentes, aunque intuyo que mi hermana lo sabe.
Ante cada detalle de la fiesta se me pianta un lagrimón, que la niña entra con mi padre, que buscamos fotos para el video (me opuse, pero ganaron las ganas de mi hermana), que con los zapatos me saca una cabeza, y toda esa cursilería, y es que este cumpleaños me tiene a puro moco tendido.
Hace casi quince años soy “La Tita” y también la madrina de Antonella, con la tenemos un vínculo de muy poca tolerancia y ante cada reclamo mío la insolente responde: mi mamá dice que soy igual a vos, como si esa frase fuese un consuelo o un argumento.
Soy de esas tías que parecen no tener sentimientos, pero en realidad estos niños, en especial la mocosa, me tienen loca de amor y poseo la certeza de que este cumpleaños me dejará agotada y con los sentimientos húmedos.

9 de diciembre de 2010

Dulce navidad.

Diálogo que intentó entablar Boly (mi querido proegenitor):

Boly: Mañana voy a comprar un árbol.

Mi persona: (se vive quejando de que los árboles le queman el césped, para qué carajo queremos un árbol que sólo será trabajo para el jardinero). Mirada de: De qué estás hablando?.

Boly: Un árbol de navidad voy a comprar.

Mi persona: (Está ebrio si cree que dispongo de tiempo o ganas de luchar con ramas de plástico). Voleo de ojitos hacia arriba, hacia abajo, giro de cabeza, mirada hacia el frente. Fin de mi respuesta.

Odio los árboles de navidad, las pelotitas que le cuelgan, las guirnaldas, las luces me dan miedo. Odio a la gente apelotonada tirando dinero en cosas inútiles. Odio tener que bañarme y vestirme bien. Odio a los hipócritas navideños que creen que serán perdonados por comprar un pan dulce cuando se mandaron cagadas todos los días del año (Boly, para vos, este año no hay navidad). Los villancicos me dan acidez. Odio cuando hacen planes incluyéndome y mi respuesta es siempre la misma: yo viajo.
Soy de las que a las 12 brinda con desgano y agua mineral en la copa, se calza el pijama y parte raudamente a la cama.
Lo que sí me gusta de la navidad es el pan dulce, los turrones con muchas frutas abrillantadas y secas. Claro que los puedo comer durante el resto del año, pero lo mejor es sentarse descalza, frente a un árbol ajeno (lejos de esas lucecitas infernales) y refunfuñar en contra de la fucking navidad.

6 de diciembre de 2010

Mariana: qué será de la vida de… (Inserte el nombre del último canalla que se fue de mi vida sin motivos).
Mi persona: ni idea, no me interesa saber de él.
Mariana: cuando viajo a Tucumán suelo pensar que lo voy a encontrar.
Mi persona: Tucumán tiene mucha gente, no es tan sencillo encontrarte con alguien.
Mariana: había apostado por él, aunque asumo que cuando lo vi en la terminal pensé que era el que te cargaba la cartera, porque con lo que cuestan tus bolsos deberían venir con un chico que las cargue.
Mi persona: pobre mi gordo, por qué se habrá ido. No quiero hablar más de él. Además parece que te jode más a vos que a mí el abandono.
Mariana: Es que yo te veía bien, él te hacía bien, por eso había puesto las fichas y eso que a mi ninguno de tus novios me cayó bien.
Mi persona: me consta.
Mariana: cuando lo veas decile que además de hacerte sufrir a vos me traicionó a mí, porque yo confiaba en él.
Mi persona: bueno, yo le digo.



(Sí Mariana, a vos te traicionó la confianza, a mi me vedó la capacidad para estar con otros tipos, si desde que él se fue veo un hombre y me cruzo de vereda. Qué triste).

21 de noviembre de 2010

Por qué jode

“Me casé hace un mes”, ese enunciado fue la respuesta de mi ex ante mi pregunta muy, muy genérica: ¿Novedades?. Ya no lo quiero, es cierto (pero cuánto lo quise, ja!, qué poema del orto), pero su frase dolió, dolió como una uñita encarnada, como un ataque de hígado, y jodió. Por qué jode si ya no lo quiero?, por qué jode si elijo la soledad antes que dormir con un hombre con olor a otra?. Jode porque no imaginé que a mis 28 años tendría tantas heridas que lamería sola. Jode porque él pudo superarme y yo no he podido desprenderme de los (malos) recuerdos. Jode porque no quería ser resentida. Jode porque la cama es demasiado grande y parece que no estoy dispuesta a compartirla. Y ante todo jode por saberse jamás elegida.

18 de noviembre de 2010

De nombres y futuras despedidas.

En el nombre del Bruno, de los siete (qué gran número) salchis y de Royal Canin, los cachorros han sido nombrados y algunos renombrados.


Baco, Dios del vino, de las orgías. En su prontuario figura como el Sátiro de la Teta. Es el que pesa casi dos kilos, el con cara de patotero y andar de gordo deportista.
Renombrado: Nicanor.




Socri, él está más allá de sus hermanos, juega solo, se divierte mordiendo la cucha o la pata de una mesa, no reconoce órdenes ni pedidos. Conocido como Mini Bruno, por su gran parecido al padre.
Renombrado: Peter.








Trotsky, el capo del campamento, mandamás del ejército, peleador silencioso. Conocido como El busca pleito.
Renombrado: Felipe.






Peque, por su cara infinitamente tierna. Orejas gigantes, casi dorado, casi chocolate. Mantenemos un amor platónico. Él me conoce, se sube a mis piernas y pide cariño. Entre la jauría lo reconozco porque es mío y yo soy de él.











Penélope. Es la más pequeña, con gran parecido a su madre, traviesa, despierta, curiosa. La que más busca a los humanos. Es la primera que trascendió la galería. Color chocolate.
Su alías es Pene. Su nombre se debe a los caprichos perversos de mi hermana. Le pertenece al mundo, pero vivirá en la casa de Baby (mi hermana).






Mistic. Esta se camufla, suelo confundirla porque tiene un poquito de todos los demás. Nació marrón, mutó a chocolate. Nació flaca, ahora está entre las mejores alimentadas. Duerme como el Socri, muerde como el Busca Pleito, es traviesa como Pene y casi chocolate como el Peque.











Musa. Las Musas de la mitología eran hijas de Zeus, ésta del pavo del Bruno Alberto. Es marrón, poderosa, importante. Juro haberla visto moviendo la pata al ritmo de los Redondos.


Todos deben irse. Y cada vez que los Roca habitan mis manos me trago los mocos.

13 de noviembre de 2010

Confieso que he pecado.


Revisar llamadas o mensajes en teléfonos ajenos no es parte del grupo de actividades que me desvelan ni me divierten. Sin embargo, Boly (el padre que la vida me regaló) tiene un celular con más vida social que el mío, lastimosa conclusión considerando que el caballero tiene 35 años más que yo. El sonido de mensajes que llegan sin respiro me hace doler el oído (el derecho), sin embargo no me tentaba saber en qué riña de gallinas andaba metido mi padre hasta que el muy distraído se olvidó el teléfono al lado de mis llaves (como si eso justificase mi futuro comportamiento).
Necesitaba silencio, tranquilidad, y el celular me pedía a gritos que lo abra, tanto insistió que leí, mierda, maldito el momento en que acepté leer.
Resulta que me enteré de montones de poses para practicar en una cama que con mis tiernos 28 añitos desconocía, resulta que papá sale con tres (eso no fue novedad) señoras diferentes, mientras el gato oficial le pedía que no la deje, todo en mensajes mezclados… y sí, ya que estaba me leí un par. Qué señoras cochinas.
Señor, confieso que he pecado. Tres Ave Marías, dos Padrenuestro y nada de imaginar esas cochinadas tan contraproducentes para mi mente joven y sanita.

Pero qué señoras cochinas che!... y papá, nah, ese no no tiene arreglo.

5 de noviembre de 2010

18 de octubre de 2010

Mientras


12 del mediodía, mientras me baño pienso en que si quiero fumar tengo que salir a comprar cigarrillos, qué fiaca. El “mientras” es un fonema muy usado por mí, hago muchas cosas a la vez mientras pienso en lo que tengo que hacer luego.
Mientras me visto escucho, a los lejos, un cachorrito llorar, supongo que es de Federica, me apuro, bajo, efectivamente era uno de nuestros cachorros asoleándose en el mediodía santiagueño. Lo junto con sus hermanos perros, doy de comer a los adultos, mientras pienso cómo es que llegó el cachorro a alejarse tanto de su cucha camino encarando la puerta, salgo a la vereda, mientras cruzo la calle siento el viento (caliente) extraño, siento mucho pelo en la espalda, miro hacia abajo: alpargatas, pantalón, corpiño… sólo corpiño.

17 de octubre de 2010

Esto es la felicidad: un par de amigos, un trabajo que me hace felí, una cara que no se ve en los productos, muchos abrazos, grandes diálogos.
Qué más le puedo pedir a la vida?... sí, le puedo pedir más, pero hoy no. Hoy sólo quiero ser feliz con la banalidad de lo cotidiano.

15 de octubre de 2010

De trabajos indeseables

Entre la lista de trabajos que odiaría hacer definitivamente se ubica en el top five el de promotora barra entregadora de folletos en la vía pública. ¡Puta madre!, ¡sólo con nombrar lo que no quiero es suficiente para que lo tenga! Y ahí estaba el viernes a la noche, en un microcentro atestado, entregando folletos.
Me avergüenza la exposición pública, desearía medir 1,50 de altura, pero siguiendo con la línea de “pronuncia lo que aborreces y lo tendrás” mido 1,78 descalza, pasar desapercibida es una utopía para mi.
Éramos dos, la de calza más tímida que yo pero con mejor actitud. Al menos ella parecía una promotora de culo grande, yo un ogrito con folletos en la mano. Ella decía “señora” y estiraba la mano, yo proclamaba “tomá” y fruncía el seño. Y recordé la imagen del film Pach Adams, cuando el personaje principal se colgaba de una rama y saltaba al encuentro de los transeúntes para analizar sus reacciones, y vaya que los míos reaccionaban positivamente, quizás por temor ante mi seño fruncido, por curiosidad o simplemente por automatismo. Tras condenar al folleto a morir en la mano de esos extraños repetía entre mi: “Más vale que lo agarraste” y luego venía el testeo: “fijate si lo lee sino le llenamos la cara de dedos”. Para buena fortuna de los peatones los folletos eran leídos.
Al terminar mi larga y agotadora faena, sentada a la mesa de un bonito bar, entre risas comentaba: mierda che, tres títulos universitarios, un doctorado en camino y mirá dónde me encuentro, repartiendo folletos en la calle jajajajajajajaja… ¡y me divertí tanto!

11 de octubre de 2010

Bajo presión (al volante)

Durante años evité la engorrosa tarea de aprender a manejar. Ya a los 12 solía volver caminando porque no obedecía cuando mi hermano me pedía sacar el pie del acelerador, a los 15 rompí la caja de cambios (¿se llama así?) cuando le robé el auto a papá, a los 17 casi mato de un infarto a mi cuñado en un giro tipo picada que me resultó de lo más divertido. Era joven, no sabía lo que hacía. Y hace 11 años que no subo del lado del conductor, he tenido miles de excusas para evitarlo, pero ahora con tantos bártulos y camioneta nueva es ineludible el asunto.

El que enseña.
Con papá el vínculo que nos caracteriza es el de odio-amor-odio y no suelo ni compartir un café con él porque intentará ponerle azúcar, cuando no consumo dulce hace 18 años y eso desencadenará una pelea sin fin ni tregua. O porque expondrá algunos de sus conceptos, según yo necios y se viene la batahola y todo mal, así que evitamos el contacto directo. Claro, mi malhumor es un legado de él. Casualmente me vine a elegir el profesor ideal, mi padre es el hombre con menos paciencia del universo y yo su heredera.
Manejar con papá es como ir por un campo minado, desde que meto la primera hasta que le devuelvo la camioneta es una sucesión de: ¡Poné segunda pelotuda!, ¡dale con la tercera!, ¡¡¿No ves que el motor te lo está pidiendo?!!, ¡¡¡¡¡cómo vas a frenar con el pie izquierdo!!!!!, ¡¡¡¡dejá de tocar la palanca como remissera!!!!, ¡Dejá de reírte!, ¡sacá la cuarta!. Estos negros de mierda, dejalo pasar, si los atropellas hay que pagarlos como nuevos.
Hoy aceptó que para ser mujer lo hago bastante bien, sin embargo la pereza es uno de mis pecados favoritos, quizás me resigne y decida seguir trasladándome con chofer, pero seguro que a la paciencia la gano y lo que me estoy riendo al verlo nervioso a mi padre es de no creer.
Papá me esconde la llave de la camioneta, pero el Toyota Corolla nuevecito de él, con caja automática, me guiña un faro desde el garage, en estos días le robo el auto para que aprenda a no ser mezquino y para que grite un poco más.


6 de octubre de 2010

Novedades

Federica tuvo 7... 7!!! cachorritos!. (En la imagen iban 5 y hubo dos sorpresas más)









El viernes inauguran la primera franquicia de Fetiche-fo.








Tengo camioneta nueva.
La vida me sonríe y me cuesta dejar de mirarla de reojo con desconfianza.


23 de septiembre de 2010

Soñé que lo perdonaba. Que vivíamos juntos de nuevo.
La escena onírica planteaba un departamento con una puerta de servicio por donde veía salir a hurtadillas a una mujer. Recuerdo que en el sueño corría para verle la cara. Sabía que era con la que me engañaba, todo era muy real, como suelen ser los malos sueños.
Cuando me desperté él estaba parado en la puerta de mi habitación, pero soy un ser ante todo racional y me decía: no es él, es sólo una conjunción de sombras, estás delirando. De manera consciente sabía que los muertos no se andan apareciendo en las puertas. Pese a eso, sentí miedo, aunque no sé por qué.
Por la mañana, cuando la pesadilla pasó repasé esos dos tortuosos años en los que conviví con él, recordé las mentiras, los golpes; recordé cómo se rompía mi tan mentada esperanza, de cómo tocaba a otra en nuestra cama.
Hace más de un año que se mató, situación que lo viví con el sentimiento más primario, el de la supervivencia, era él o era yo. Sin embargo todos los otros malos recuerdos no se van. Y no, no estoy lista para volver a confiar.


19 de septiembre de 2010

Curiosidades


En ocasiones X colabora en el negocio de su padre, esto ocurrió mientras X ejercía de gerente ejecutiva (así la llama su progenitor y es digno de discusión, pero no viene al caso).

Un sujeto, de esos extraños que para X no tienen género, le dice:


Extraño: Sos muy linda, me haces acordar a una amiga.
X: Ah.
Extraño: Qué linda tu boca.
X: Ahhhh.
En ese instante X marchó despacito hacia la cocina y a los lejos escuchó “ni hablar de invitarte a salir no?”.


X sólo pensó en que hace mucho, mucho tiempo que no acepta halagos de extraños, que no mira hombres, que no coquetea y que los sujetos se convirtieron en un terreno desconocido.

14 de septiembre de 2010

Agregados del nuevo perfil.

Hay cambios en mi perfil, prefería seguir siendo “dibujante de sonrisas y aspirante a persona feliz”, pero por requerimientos exógenos tuve que pasar el Cv comprimidísimo. Sin embargo me quedé con ganas de detallar:
-Estudiante de secundaria con 24 amonestaciones, odiada por docentes y querida por sus compañeras. Renegante vitalicia por haber cursado en un colegio privado de señoritas.
- Licenciada en Comunicación Social, carrera elegida por descarte ante una jugosa oferta de mi padre para no dejarme ir a Buenos Aires. Aquella vez fue la primera en que me vendí, cambié lo que realmente quería estudiar (Ciencias Políticas) por universidad privada y departamento para cultivar mi soledad.
- Censurada por la UNSTA, donde no se me dejó seguir enseñando por ser considerada un semilla del socialismo (en serio me dijeron eso).
- Lectora empedernida desde los 4 años, por iniciativa de mi abuela.
- Con dos desaprobados en la libreta universitaria: una por Formación Humanística (me olvidé una de las virtudes del catolicismo), otra por computación I (una vergüenza).
- Recursante eterna de Formación Humanística. Era jodida la teoría sobre algo que no se cree.
- Recibida con Economía, materia que odié y abandoné durante años.
- Absolutamente asombrada de las notas adquiridas considerando que el fin de semana comenzaba el miércoles con Jazz en Costumbres Argentinas y se extendía hasta el domingo rezagada de alcoholes en el Aleph.
- Empleada explotada por el diario, donde trabajaba jornadas eternas y pasaba mi almuerzo y mi cena frente a la misma máquina. Se aprovecharon de lo mucho que amaba mi trabajo y a mis compañeros, y yo lo acepté encantada.
- Profesora frustrada, actividad que me apasiona y a la que pienso en algún momento volver. Siempre me quedaban ganas de seguir contándoles lo que sabía.

- Tomé la costumbre de no confesar mi edad porque mis alumnos eran en general mayores que yo.
- Locutora temerosa, aún hoy tiemblo y recuerdo mi primera experiencia frente al micrófono. Lloré como marrana cuando nos conocimos y aún le temo. Aunque digan que tengo un voz desperdiciada, mi perfil bajo es más fuerte.
- Mi actividad favorita en el periodismo televisivo fue la de tiracables, nunca me dediqué a pararme frente a una cámara ni lo haría.
- Mientras estudiaba comunicación comencé y abandoné 3 carreras universitarias. Es que nunca me alcanzaría la existencia para tener todas las vidas que quisiera.
- Mi trabajo favorito fue el de investigadora y recuerdo con grandísima ternura las noches de pijamas y vodka donde iban cayendo las ideas y se las vinculaba con teorías para luego reescribirlas, reinventarlas y darles nombres.

- He corregido tesis de grado, casi todas aburridísimas.
-Modelo (a no seguir y de tallas extrañas). Tuve que subir a pasarelas con tacos interminables y vestidos incómodos. Renuncié cuando entendí que no volvería a soportar que dos personas estén sobre mi cara durante 4 horas para arreglar el maquillaje y el peinado.
Payasa por excelencia. Me he vestido de muñeca (tenía una cartera de corazones con dos paquetes de cigarrillo, era una ternura), angelito, modelo de gráfica hasta he repartido volantes en la calle.
- Los años de estudiante de diseño fueron los mejores de mi vida.

- Amo sacar fotos y hasta tengo un premio en Tucumán por mi serie de "pecados capitales".
- Mis amigos me llaman “coleccionista de títulos”.
- Con 28 años aprendí que no era necesario estudiar tanto, que los trabajos casi nunca se consiguen por capacidades demostradas sino por amiguismos, sin embargo, no reniego ni me arrepiento de haber pasado tantos años entre claustros académicos.
- Pese a todos mis trabajos sigo siendo "mi persona" que tiene como mayor aspiración ser feliz y seguir dibujando sonrisas.

24 de agosto de 2010

El querer y el tener.

Quería tener cinco hijos. Pero tiene dos perros.
Quería un marido fiel. Y consiguió montones de historias estragosas y kilómetros de malos recuerdos.
Quería vivir en una ciudad bonita. Y se enamoró y volvió a la provincia que sienta tan lejana.
Quería desprenderse de los malos recuerdos. Pero sólo logró acomodarlos.
Quería tener un jardín. Pero es pésima cuidando plantas.
Quería cortinas a cuadros en la cocina. Y papá puso las rayadas.


Las cosas no están saliendo como quería. Qué cagada jajaja.

19 de agosto de 2010

Quedarse parece ser una excelente opción, los Buenos Aires son un alivio, aunque en cada media cuadra la pobreza me estiraba la mano mientras se paseaba Louis Vuitton del brazo de una señora que parecía no ver lo que a mi se me estrellaba en la cara.
Ese montón de extraños que desfilaban sin mirarse, sin rozarse, definitivamente es para mi. Encontrarme en esquinas desconocidas, traduciendo un “guía T” que me llevaba a donde quería estar, ser una extraña entre miles de parecidos me resulto de lo más placentero. Buenos Aires me cumplió mi deseo de años: ser invisible. No juzgada, no mirada, sólo una nada que caminaba dejando la pose en mi triste Santiago del Estero.
Quedarse parecía ser una excelente idea. Sin embargo el colectivo ya está andando y contra mi voluntad me tiene a mi arriba.

12 de agosto de 2010

Del absurdo, el amontono y las arrugas


No, no me estoy mudando a otro planeta. No, no, tampoco estoy haciendo el cambio de vestuario invierno - primavera, mucho menos estoy por cometer la generosidad de donar mi ropa. Simplemente viajo, no, no me voy seis meses ni siquiera dos semanas. Viajo por 6 días.
Mientras amontonaba (muy ordenadamente, vaya contradicción) toneladas de prendas pensaba en lo absurda de mi tarea, en lo preparada que ando por la vida (llevo hasta paraguas, ya que acá no tengo oportunidad de usar).
Tantas prendas, que ni la mitad será de utilidad, recordaba cuando hace 8 años viajé al Mollar con un bolso gigantesco, repleto de tacos altos y faldas, iba por cuatro días y fueron una tortura porque cada mañana peleaba con Mariana por el único par de alpargatas que teníamos y yo necesitaba ponerme (aunque eran de ella), asimismo, aquella vez tuve que cargar cuesta arriba mi miniplacard porque los hombres que nos acompañaban decían que me merecía el castigo por mi frivolidad y ante todo por la ridiculez.
También me vino un recuerdo como bofetada de la última vez que estuve en Tafí del Valle, pasé algunos días en Salta y bifurqué hacia Tucumán. Aquella vez también tenía una tonelada de tacos altos y muchos vestidos con muy poca tela. Mientras el verano estaba en la cúspide, Tafí tenía un clima digno de un invierno santiagueño. Demás decir que aquella vez usé el mismo par de medias tres días (era el único que tenía) y cada mañana salía acopiando sobre mi cuerpo toda (literalmente toda) la ropa que llevaba en la valija, intenté (haciendo un esfuerzo sobrehumano) comprar ropa de invierno, pero era verano.
Y ni hablar de la vez que no me dejaban abordar en Nueva York porque había excedido drásticamente el equipaje permitido. Por supuesto no tenía dinero para pagar aquel problema, me lo había gastado llenando valijas. O la oportunidad en que en Bariloche entre mis valijas y mi borrachera fui un dolor de cabeza para varios.
Así podría detallar montones de viajes donde mi equipaje se convirtió casi en una persona a la que debía arrastrar.
Claro que pienso que seis pares de zapatos varios son excesivos para seis días, pero los necesito, asimismo 5 pantalones, dos faldas, dos vestidos, un enterito, dos tapados, una campera y más de 8 camisas/remeras son una ridiculez, podríamos vestir a dos personas, pero cómo evitarlo.
Mi mentira es que una valija es del trabajo (la más pequeña) y es inevitable llevarla y que tooooodo lo que llevo es necesario, que si llueve, si hace frío, vaya patraña, como si no fuese a comprarme el equivalente a todo lo que llevo. Y volveré como siempre, pagando exceso de equipaje.
Y sí, este es un post de lo más irrazonable y frívolo, el asunto es que me voy, cargada como para no volver, pero siempre vuelvo con la ropa arrugada y sin usar, como muchas cosas de mi cotidianeidad que amontono, creo necesarias, no las uso y las arruino.






3 de agosto de 2010

Improperios

Capital del infierno, 3 de Agosto de 2010.

A la desconocida y olvidada sujeta del registro civil:

No tienes idea quién soy, no te culpo, a veces suele pasarme que me olvido de mi. Te llama la atención mi esquela, pues debo reconocer que no esperaba jamás hacerlo, ni siquiera recuerdo tu cara ni cómo fue el momento en el que nos conocimos, pasó hace mucho tiempo, quizás 10 años.
No quisiera molestarte, pero resulta que me urge contarte lo que me ocasionaste. Desde ayer que no dejo de pensar en vos y, por supuesto, en tu madre.
Después de los dos párrafos pasados debes seguir sin entenderme. Te cuento: yo soy la que ayer se enojó mucho por no poder realizar un trámite fiscal, ufa, sí, fue un drama. Te debe importar nada lo que te cuento y te preguntarás qué tenés que ver vos, te cuento: cuando yo tenía 16 años vos llenaste los datos de mi DNI, sí, vos sos la que omitió escribir la última palabra del nombre de mi calle. Ya sé que es un embole poner “Bailón y Luis Peralta Luna”, pero bueno, ese es el nombre de mi calle y tu trabajo era colocar mi dirección correctamente y lo hiciste como el orto, prescindiste del fonema “Luna”, quizás pensaste que no era importante o que si hacías correctamente el trabajo se te enfriaría el café. No importa, te perdono.
Como te contaba, yo soy la que después de enojarse fue a corregir tu error al registro civil, que te quejabas de tu lugar de trabajo?, no sabés cuánto te entiendo, es una mugre, compuesta por una caterva de inoperantes que hacen de la burocracia una filosofía. Ahí no pude como una ciudadana común corregir tu cagada. Como te dije, no importa, te perdono.
Hoy fue cuando más me acordé de vos, porque pese a haber dormido cuatro horas para realizar mi trámite en la AFIP tampoco pude hacerlo. Y por tu error perdí 15 minutos llorando en la vereda no sin antes reputiar a esos fucking contadores de escritorio, situación que me avergüenza ya que procuro no violentarme con extraños . Esto también te incumbe a vos, así que no te hagás la boluda y dejá de mirar hacia el costado.
Te cuento: cuando todo parecía ordenarse, pese a tu error, saltó otra falla, tuya por supuesto, porque yo a mi DNI, como a todas mis pertenencias las cuido. Te acordás que aquella mañana en la que yo tenía 16 años y vos me entregaste mi DNI?, na, qué te vas a acordar!. Aquella mañana te dije que mi apellido es Ormaechea, no Ornaechea, vos te reíste de la falla (claro, si era muy gracioso) y con tu espantosa mano corregiste mi apellido y no conforme con eso plastificaste como el orto la foto, mirá, estoy preocupada, porque si te limpiás el culo como hacés los documentos algo huele mal. También me acuerdo que estabas preocupada porque se te hacía tarde para desayunar y pese a que te pregunté, me dijiste que como lo habías arreglado (bueh, eso de arreglar es incorrecto) estaba bien. Lo hiciste para la mismísima mierda.
Hoy después de correr (literalmente) entre la AFIP y el Registro Civil un par de veces me secuestraron el DNI, sí, así como estás leyendo, así que ahora soy una indocumentada que menos que antes puede colaborar con el fisco. Me dijeron que no podía andar por la vida con ese documento hecho por una cavernícola, yo coincidí con ellos, pero no me consoló del todo que reconozcan que sos un inútil, porque, insisto, yo no pude hacer mi trámite, que demás está decir, me urge hacerlo.
Por tu exclusiva responsabilidad hoy también dormiré cuatro horas, porque mañana tengo que ir a ver si alguien me presta su DNI para ponerle mi foto. Mientras tanto, y a diferencia de vos, que aún cuando hace su trabajo como el orto cobra su sueldo todos los meses, yo pierdo mi tiempo y mi trabajo se atrasa por pretender subsanar tu proceder de analfabeta.
Aún te debes preguntar por qué te escribí, lo hice solamente para recordarte que sos una hija de remil puta, inoperante que no pudo hacer bien el simple trabajo de pegar un calco sobre la foto para que hoy no sea un mamarracho. Además quisiera contarte que estoy muy, muy, muy enojada y cuando me enojo me violento y tengo muchas ganas de que seas la primera persona que le pegue hasta cansarme, te prometo que lo voy a hacer, y después de cagarte a patadas voy a hacerte mierda el DNI, ja, aunque si lo hiciste como al mío seguro tampoco te sirve ahora. Por lo pronto sigo acordándome de vos y de la grandísima puta que te parió. En mi rosario de improperios también me acuerdo del infeliz que te creyó capaz de llenar formularios, de mi puta suerte que justo me tocó sentarme en tu box, también estoy enojada por no recordarte. Ahora mismo no puedo prometer que voy a buscarte, porque como te dije, ando muy ocupada intentando subsanar tu grandísima cagada y luchando contra la burocracia para conseguir un papel que diga correctamente mi nombre, mi apellido y la dirección en la que vivo.

Nada más querida desconocida. Te agradezco por arruinarme dos días (mañana se viene otro), por imposibilitarme de realizar trámites vitales (sí, no estoy exagerando) para mi trabajo y mi viaje. Gente como vos hacen que todo se complique y lo peor es que seguro seguís sentada detrás de un escritorio confundiendo N por M y riéndote de la ocurrencia. Prometo cagarte a patadas.



P/D: Sos un pelotuda, pero creo que ya más o menos te lo dije.

2 de agosto de 2010

Juego de niños


El frío se extiende. El malhumor se instaló desde marzo y parece no querer buscar nuevo domicilio. Todavía me duelen las manos de la última caída (con tantos derrumbes al menos aprendí a poner las manos antes que la cara). El dolor de espalda no me deja dormir. El insomnio me deja una cara demacrada. El año me tiene de golpe en golpe. Pero anoche dejé ser a mi niña, a esa que la tengo latente y se muestra casi a diario. Anoche sacamos a volar los barriletes. Y voló muy alto y me reí con esa sonrisa de muchos dientes que tanto me gusta.








A mi me tocó el de Ben 10, era el más lindo y el más polentudo.




31 de julio de 2010

Anaquel de zapatos



He recibido infinidad de regalos en mi vida, casi ninguno me gustó. Dicen que soy una cretinadesagradecida, sin embargo, juro que intento mentir, pero mi cara me delata siempre.
Creo ser básica, cuando quiero regalarme algo no puedo dejar de pensar en libros, zapatos, carteras y animales. Sin embargo la gente no coincide conmigo, dicen por ahí que soy demasiado complicada (no se de dónde sacan eso, ja!) y es así como he recibido pulseras (odio mis muñecas y mis manos en general), ropa (fea), muñecos de peluche (que deberían ser abolidos, sólo juntan mugre, ocupan espacio y sirven para nada), o cositas tecnológicas (no me gustan los regalos costosos).
Odio los collares, sólo uso un perfume, casi todos los maquillajes me dan alergia, detesto los elementos decorativos (kitsch), no uso reloj, adoro los lápices de colores, sólo uso una marca de aros, me gustan las lámparas, colecciono prendedores… es simple. Pero no, las personas se empeñan en darme objetos que irán a morir en un cajón u ocuparán la repisa de algún agradecido. Y no se trata del objeto, ni del dinero, sino del tiempo invertido en conseguir un algo que me haga sonreír.
En mi último cumpleaños hubo un regalo que no dejo de mirarlo a diario, un regalo que me fascinó, no por su valor económico ni por su originalidad, sino porque quien me lo dio estuvo atenta a mis necesidades (hace rato que quería uno de estos), porque se tomó el tiempo para pedirlo y hacerlo construir tal como yo lo quería y sobre todo, porque mi hermana tiene poco tiempo, demasiadas preocupaciones y deudas, y sin embargo sigue colaborando (como hace 17 años) en mi hobbie favorito (ordenar), sigue intentando que yo tenga todo lo que quiero (que es más de lo que necesito) aún en desmedro de ella y pensando que es un idiotez de mi parte tener tantos zapatos. Ella me regaló mi anaquel de zapatos real, que desde ahora encabezará el blog.
(Existen otro tipos de regalos, pero esos son otra historia, como también hay mucho por decir de mi hermana y esa también es otra historia)

27 de julio de 2010

Sobre el miedo

Fernanda sólo le tiene miedo a su persona. La oscuridad, el agua, las arañas, ni los dragones que escupen fuego la amedrentan. Mi persona es tan valiente que hasta suele ofuscarme el asunto. Sin embargo, hay una cuestión que me quita el sueño, me genera más acidez que la de costumbre y me tiene absolutamente aterrada.
En breve iré a una feria, una grande, de las de verdad (como si las otras fuesen mentira) y siento miedo.
Ni aquella vez que el auto volcaba conmigo adentro sentí tanto desasosiego como ahora, tampoco recuerdo haber sentido temor cuando volé (literalmente) por los aires mientras el cuatriciclo se estrellaba contra mí, pero ahora el asunto se me está poniendo negro. Y sí, me suena absurdo, es sólo una feria, pero tengo miedo.
Mi vida está lejos de poseer muchas estrellitas de éxitos y he sabido cargar con mis fracasos amorosos y familiares, pero los traspiés profesionales me resultan más complicados. Aún cuando mi proyecto de matrimonio se hundió y con él el amor, pese al dolor, me lo aguanté y hasta me perdoné, pero esto es distinto.
Por primera vez en mi vida estoy abrumada profesionalmente, y el pánico (ando por ese nivel de la escala timérica) me congela.
A diario me siento a diseñar la colección nueva, pero sólo he logrado hacer tres retratos de Bruno. Sigo ocupándome de pedidos que podrían esperar, de trabajos que debería haber postergado. Sigo dilatando el asunto y como si fuese poco, mis horas de sueño se reducieron drásticamente lo que me tiene con un humor de perros (no se a qué viene esta frase, mis canes tienen un buen humor maravilloso) y las ojeras por las rodillas.
Quizás me estoy poniendo vieja, quizás tengo demasiada presión y competencia (de la buena).
Quizás sólo estoy dramatizando, quizás he traicionado la regla de oro y estoy anteponiendo el ego. La dichosa regla de oro dice que vendo prendas y no un pedazo de mí y que los asuntos personales quedan fuera de las transacciones comerciales. Así es como manejo mi negocio, entendiendo que hay locales donde mis prendas no funcionan, lo que no significa que sean feas. Si bien en cada prenda se va un pedazo de mi (mis ideas sobre estética, mi gusto), procuro no tomarlo a pecho (que casualmente no tengo) y nunca antes había tenido un conflicto y este me está llevando a la ruina.
Me habían contado que sentir miedo no está bueno, que el temor paraliza. Y acá estoy, aterrorizada, esperando vaya uno a saber qué para despertarme de este letargo que seguro me conducirá a un fracaso y es lo que no quiero.




23 de julio de 2010



Demasiado frío para esta nostálgica.

16 de julio de 2010

Se dice de mí



Mi persona es una criticona, cruel e hija de puta con sus semejantes, además es una cara rota, porque pese a estar llena de defectos le divierte burlarse de cualquier ente que se le cruce delante de su nariz. En esos menesteres estaba con su par criticona favorita, Mariana, cuando por un instante intentaron imaginar qué pensaba la gente de ellas:


Mi Persona: (toda prolijita en su ropa de damita) Qué dirán de nosotras. Quizás dicen: Ahí viene la gorda antipática (yo) con su pareja (Mariana).

Mariana: (Vestida como hombre, con remera de publicidad y campera masculina, barata y fea) Con su pareja (ella) que también está hecha un lechón (y me tira besitos para no dejar dudas).

M. P: Y de Emanuel (marido de Mariana) deben decir “ahí está el turquito cara de gay que les sirve de pantalla a las gordas, seguro se plancha el pelo”.

M: (Mientras me lleva abrazada) y quién es la pasiva?.

M.P: Y yo, si mirá la pinta de hombre que tenés vos!.

M: No te gusta mi remera de domingo?.







Mariana y Mi Persona.

14 de julio de 2010

He matado a los pitufos.

Viajo más de lo que me gustaría, además de tener miles de posiciones para acomodar mi 1,78 en los asientos tengo todo un anecdotario de torpezas. La última fue por la ruta 9 cuando (como es mi costumbre de mujer desafortunada) se rompió el colectivo.
Además de enojarme con la ineptitud del chofer por salir en condiciones no aptas, tenía la soga al cuello con el tiempo, viajaba por trabajo y estaba llegando tarde.
El colectivo para a una hora del destino final, Mi persona baja enojadísima pero prometiéndose no expresar su furia, y como es una gordalechonaociosa que no le bastó con viajar sentada durante horas divisó un banco celeste y apoyó su humanidad, puso las piernas en posición sexo tántrico y se prendió un pucho. No conforme con estar comodísima quiso apoyar las manos en el banco que estaba recién pintado y no lo había notado. Furiosa se levantó, y descubrió que entre sus nalgas yacía una masacre de pitufos. Como era de esperarse explotó en insultos hacia el chofer, porque todo era su culpa, renegó por la ineptitud de los municipales que pintaron el banco y no dejaron la advertencia de “recién pintado”, y de paso cañazo mandó un par de groserías más al gil que le venía haciendo ojitos desde la terminal y se arriesgó a decir: “Nena, te ensuciaste todo el pantalón”.
Obvio que era pintura al aceite (no sale) y obvio que no llevaba otro pantalón.

13 de julio de 2010

Del trabajo

Trabajar para mujeres es un verdadero dolor de huevos. Soy una consumista que llevo todo lo que me gusta sin joder a nadie más que a mi economía, quizás por esto no entiendo cómo hacen las féminas para convertir la dicha del comprar en una tarea casi filosófica.
Los rollos inexistentes, la papada invisible, los mitos con respecto al negro (sabelo: si estás hecha un elefante no habrá negro que lo disimule, para el caso sólo debes evitar el gris), la ridícula búsqueda de la prenda usable todos los días, la absurda creencia de que si ajusta se esconde (gran error, el rollo censurado buscará escapatoria por la espalda o por las caderas) me agotan y me hacen llorar de tanto reír. Todos los días (literalmente) debo lidiar con consultas más indicadas para psicólogos o psiquiatras que para una diseñadora.
El “medite vos” no lo entiendo, se supone que a mi me quedará como a la que pretendo usarlo o sólo quiere burlarse de mi?.
Desde pequeña carezco de la virtud de la paciencia y la sonrisa no me sale fácil, a menos que sea un buen chiste o que esté enamorada. Sin embargo le pongo onda, intento explicarle que por más bonito que sea el vestido blanco a la rodilla, talle 38, si medís 1,50 y pesás 70 kilos no te va a quedar bien, ni a gancho, no hay forma. Seguro te entrará pero será un laburo extra sacarte de ese pobre atuendo.
Siempre tengo la que da vuelta los percheros, los figurines, se mide tres veces la misma prenda y termina diciendo: No tenés una como la que vos tenés puesta? Jajajajajajajajaja hija de puta!.
Tampoco me falta la absurda que pide una remera naranja en invierno, cuando el naranja es un color de temporada y hace rato que no viene ni vendrá, además de ser un tono detestable sólo apto para chaquetas de verdulerías.
Adoro el trabajo en el taller donde sólo debo tolerar preguntas técnicas de modistas, problemas con hilos y falta de ideas, pero el tener a una clienta que mientras me endulza me pide pelotudeces me genera acidez y si intenta contarme que se peleo con el novio se va todo al carajo, yo no pienso jamás de los jamases ser una pseudo psicóloga de extrañas.
Me fascina la parte de la conversación donde las hinchapelotas deliran y yo imagino (mordiendo la sonrisa) las barbaridades que podría contestarles.
También tengo la que me consulta con qué se puede poner tal cosa… acaso soy la madre?, la amiga?, el espejo?, el sentido común?, qué onda?, te regalo el círculo (bien gráfico) de colorimetría y podríamos ser todas felices.
Me divierten las modernosas que le ponen nombres de frutas a los colores. No, flaca!, el rojo es un color, el tomate no!. El ojo puede llevar al cerebro una infinidad de nombres aprehendidos sobre los colores, entonces por qué tenés que llamar ladrillo al simple terracota.
Realmente no entiendo a la que me consulta sobre mi vida íntima o personal, qué tiene que ver?, yo quiero que compres ropa no que salgamos el viernes y me llames por teléfono mañana para saber qué voy a almorzar, ya tengo amigas, gracias.
Y cuando llevan más de media hora preguntándome, midiéndose, lamentándose por el cuerpito que les dio la naturaleza (y ellas se encargan de alimentar), renegando por la nariz que vino en el envoltorio original o consultándome si necesitan una cirugía (justo a mí me vienen a preguntar) es ese momento donde siento una profunda pena por los hombres que se despiertan al lado de estas hinchapelotas.
Vivir de lo que me apasiona no tiene parangón y servir a mujeres (pese a que me generan acidez) me hace reír mucho. Quizás si entendiesen que el novio que las dejó no va a volver por usar una linda prenda o que seguirán sintiéndose frustradas aunque el vestido les queda precioso, las cosas serían mucho más simples, aunque también muy aburridas.



25 de junio de 2010

Diálogo absurdo femenino

A falta de un progenitor distraído, la naturaleza me dotó de madre y padre que viven en realidades paralelas. Diálogo telefónico con mamá:

Mi Persona: Hola mamá.

Mi madre: ¿Quién habla?

M.P: ¿? ¿? ¿?, hasta donde fui informada sólo dos mujeres te llaman mamá y casualmente somos tus dos únicas hijas, la mayor tiene la voz finita y la menor voz gruesa, ahora notarás que soy la segunda.

M.M: Ah, no me había dado cuenta.

M.P: Decime que soy adoptada, por favor.

24 de junio de 2010

El que nunca dejó de luchar



"He vivido en un tiempo histórico de ruptura y tan viejo soy, que hay en mi distintos sedimentos, como en las montañas. Así, todavía guardo de mi juventud las marcas de las luchas sociales. Pienso que los chicos me querrán porque nunca dejé de luchar, porque no conseguí instalarme en ninguna época, y hoy, trastabillando, me siento cerca de la gente que aprendió a vivir de otra manera. Y muy cerca de los jóvenes que después de este horror de mediocridad, indecencia y ferocidad, pujan por nacer a otra cultura que vuelva a echar raíces en un suelo más humano”. *


… Y yo lo quiero porque me recuerda a lo humano en las letras, porque cada uno de sus escritos me trasladan a mundos de soledad, del binomio amor-muerte y porque hace muchos, muchos años atrás mi abuela me prestó "El Túnel" y el escrito fue una de las primeras puertas que se abrieron ante mi imaginación para nunca más cerrarse.

Es simple, limpio, brillante, inquietante y ante todo humano.

El 24 de junio, hace casi un siglo, nacía Ernesto Sábato que a diario permite que en mi mente retumbe su frase: “Hay una manera de contribuir a la protección de la humanidad, y es no resignarse”. Y jamás resignarse es una tarea diaria en mi agenda.



* Fragmento de “Diario de mi vejez”, Ernesto Sábato.

23 de junio de 2010

De odios y reconciliaciones

Odio mi cumpleaños, odio ponerme vieja, odio las reuniones donde soy el centro de atención, odio que la gente quiera reunirse, odio los malos regalos, odio los toqueteos y los besos excesivos, en ocasiones odio las nostalgias y ante todo odio ser tan odiosa.
Sin embargo, adoro mis escasos pelos plateados, adoro las patitas de gallo que se generan alrededor de mis ojos cuando sonrío y adoro dejarme querer (pese a que me produce vergüenza).
Cada 24 de junio es un calvario, en los principios del mes renuevo quejas y reniego de saber que se agrega una vela en la torta que compraremos apurados. Pero este año dije basta, en estos veintipico habrá fiesta, velas, torta, hasta tendré invitados, quizás compre globos y demás parafernalia kitsch. Hace 6 años que no festejo mis cumpleaños y me amargo sistemáticamente cada 24 de junio.
Y sí, el año se perfila como una cagada, vengo de golpe en golpe y tropiezos sin descanso, peleando con las pésimas decisiones, batallando con amores bastardos, en una lucha constante con los recuerdos… hoy pedí alto gancho, este 24 de junio prometo no quejarme, no recordarme que me estoy poniendo vieja y aburrida, prometo dejar encendido el celular, no exiliarme ni dormir pidiendo a Morfeo que no me traiga tu recuerdo. Es tiempo de reconciliarme conmigo, porque está todo mal, pero soy una esperanzada que va a curar sus heridas. Este año X que es algo perra y maliciosa, mi persona con sus tristezas y Fernanda que carga con ambas piensan reconciliarse con su pequeño universo. Tengo absolutamente todo lo quiero, que es mucho más de lo que necesito. Y lo vamos a celebrar. ¡Feliz cumpleaños para mí! Jajajajaja.




(Prometo no irme a dormir antes de soplar la vela para pedir mis tres deseos. Este año quiero quejarme menos y sonreír más, nada más y nada menos).







(Bastante pedorro el post, veremos si en otra oportunidad busco revancha, ja)



17 de junio de 2010

Diálogo absurdo por dos


Junio 2009

Mi persona: Boly, hoy es mi cumpleaños, saludame.
Boly: Mientes, vos cumples el 26.
M.P: (Confieso que me hizo dudar, él debería saber más que yo) ¡Cómo voy a mentir!, hoy es mi cumpleaños.
B: Mientes.




Junio 2010

Boly conversa con los empleados por los cumpleaños venideros.

Cocinera: Faltan poquitos días para el cumpleaños de Fernanda (Mi persona).
Boly: Si, el 28 cumple.
Mi Persona: Cara de otro año con lo mismo.
C: No, es el 24.
M.P: Gracias, Marta.
Boly: No es el 28?, el 26?, el 27?


Me conoce hace muchos años, hasta me vio nacer! y este hombre aún no recuerda cuándo cumplo años. Tampoco es tan difícil che, es una vez al año y siempre se repite la fecha!.

9 de junio de 2010

Intereses y amistades



A mis amigas las elijo por percepción y las conservo por amor, tan cursi como eso, pero es que no cabe que a mi hermana optada le haga llenar un formulario en el que se pidan potenciales habilidades (servicios) que puedan llegar a servirme. Algo que diga:

Nombre: C.
Dedicación: mina con dinero, dueña de una cadena de sex shop.
Potenciales servicios: rebajas en pitos de goma y cochinadas sexuales.

Nombre: I.
Dedicación: fonoaudióloga.
Potenciales servicios: rebaja en tratamiento por difonía.

Nombre: A.
Dedicación: mina hermosa.
Potenciales servicios: anzuelo para cazar bobos superficiales y conseguir beber gratis toda la noche.

Nombre: M.
Dedicación: buitre letrada.
Potenciales servicios: descuento en futuros juicios por alimento.
Nota: eliminar, soy soltera, no la necesito.

Nombre: F
Dedicación: diseñadora de indumentaria, hermana de cirujano plástico, ex periodista.
Potenciales servicios: descuento en ropa exclusiva, descuento en consultorio del hermano, enganche por notas y demás pelotudeces en medios de comunicación.


No da, loca!, . Sos mi amiga hace 13 años, no podés intentar usarme. Me rompe soberanamente las pelotas que quien me conoce me venga a hacer un planteo por el estilo endulzándome y después pidiéndome ese tipo de “favores”. Y sabés soreta, desinteresadamente te doy todo, forreándome, calculando y especulando no!, no funciono así y lo sabés, así que si te querés hacer las tetas, la panza, o ponerte un cucurucho en la frente, andá, pagá la consulta y ni digas que sos mi amiga. Hoy me das vergüenza.




7 de junio de 2010

Diálogo absurdo con bonus



Mi persona: Cada tres de diciembre corres a saludar y llevar un regalo al gordo (mi hermano es el gordo y el 3 de diciembre es el día del médico), hoy es 7 de junio.

Boly: ¿y?

M.P: Hoy es el día del periodista.

B: ¿Vos sos periodista?

M.P: No, odontóloga, boludo!





Feliz día para los apasionados y también para los que abandonamos y vivimos con cierta nostalgia.















2 de junio de 2010

¿Qué querés?




Mientras Carola soplaba sus veintipico velitas recordé que tenemos la misma edad y que en 21 días yo estaré cumpliendo con el ritual. Qué cumpleaños feliz ni cumpleaños feliz, que la parió.
Esos veintipico están más cerca de la tercera década que de la segunda y surgió la genial (y frustrante) pregunta: elegí qué querés tener a los 30. Las opciones eran profesión, hijos o marido (¿estereotipos?, nada que ver). La casada realizada simplemente calló, la enamorada de la vida que elige tipos de mierda prefirió un marido, la cumpleañera que nunca sufrió por amor también quiere un marido, y tenía que responder yo, elegí profesión. “¿Vos enferma (otro apodo de los tiernos que me dieron) querés más profesión?”, lo pensé de nuevo y casi, casi descubro el porqué de mi soledad, pero me hice la boluda y sí, es lo que quiero. La suerte pegó un grito, porque ya no quería hablar del tema e interrumpió la borracha semanal que se adhirió a mi opción.
Sin embargo no he dejado de pensar en el tema y casi a diario me lo vuelvo a preguntar, era un juego, pero estas boludas después de 13 años de amistad deberían saber que esas preguntas no se le hacen a un ente de mi calaña.

19 de mayo de 2010

Herencias

De mi madre heredé la miopía, el problema en los bronquios, el tabaquismo (me indujo) y la maravillosa capacidad de engordar al respirar. También aprehendí una variedad de malos hábitos y algunos dolores. Claro que no recibí ni una pizca de su belleza ni de su capacidad para hacerse la boluda. Ahora le diagnosticaron diabetes.

Mi Persona: Mamá, qué onda si te ponés las pilas y en vez de heredarme enfermedades me dejas una finca, una casa, un auto o algo útil.

Mamá: Y bueno hija, es la madre que te tocó.

M.P: Linda excusa. (Ta pasada esta mujer)

18 de mayo de 2010

Confirmación



Resulta que la humanidad entera carga cruces, a veces elegidas, en ocasiones heredadas. Resulta que X tiene un dolor de niña que aún siendo adulta no se lo banca. Según la señora que tenía un precioso diván (al que X jamás se asomó) X vive cada fracaso como el primero, cada pena la traslada al primer hecho doloroso de su vida y después de varias muchas sesiones con la señora esa, X se dio el alta y eligió vivir con su pena, esperanzada con que en algún momento cicatrizaría y caminando con mucho, mucho cuidado para que ningún hecho de su vida se parezca a ese primer suceso no elegido.
Pasaron quince años de aquel primer dolor, quince años en los que X creo cierta inmunidad, se ocupó de explicar a los que ama que no podría soportar un daño como aquel y huyó ante el simple presentimiento de que podría ocurrir. Quizás por eso sus amigos la cuidan tanto, quizás por eso tiene tan pocos amigos, quizás por eso duerme con dos perros, quizás por eso X elige el personaje que le ahorra el hablar de su vulnerabilidad intrínseca.
Y de andar con tanto cuidado hubo una noche en que conoció a un mengano al que amó y le explicó de aquel dolor, le contó de sus miserias, le pidió que no la hiera, a cambio le ofreció ser Fernanda, sin personaje y le dio todo (más un poquito que pidió prestado). Sin embargo, y también fue de noche, el mengano, que tanto promulgaba su amor por X, la lastimó. Él repitió paso a paso, quince años después, el primer dolor de X: “Hasta mañana mi amor, yo te elijo a vos” dijo el mengano y desapareció. Fue como cuando X tenía 11 años, cuando ser vulnerable lo vivía como un don, cuando no necesitaba personajes, cuando sentía que tenía todo en la vida, pero un domingo se despertó asustada, buscó a Nené*, que tanto promulgaba su amor por X, y encontró el placard vacío. Años después aprendió que eso se llama abandono. Algunos años más tarde se juró que no permitiría una herida por el estilo, simplemente porque no lo soporta. Hoy mira cómo las escenas se funden en un evento tortuoso que revienta el alma y confirma, una vez más, que nada duele tanto como el abandono.


*Mi madre.

8 de mayo de 2010

Nostalgia

Cuando estudiaba Comunicación Social miraba con recelo y cierta envidia a quienes reconocían ciertamente orgullosos querer dedicar su vida al periodismo. Yo lo detestaba, no sólo porque se alejaba de mis pretensiones, sino porque el pesimismo y la queja eran una constante en mi vida, sin embargo, algunos años después me encontré perdida de amor (era sentimiento puro) en una redacción, haciendo siete páginas por día, suplementos, viajando, cubriendo ausentes, haciendo investigación y hasta me disfrazaba de angelito para hacer las horas más soportables. Pasaba hasta la mitad del día en un idilio que me destruyó el cuerpo, la vida social, sentimental y me comió la cabeza. Cuando la espalda dijo basta y no me entraba un kilo más (más una suma de cuestiones) me fui, abandoné a mi gran amor y sufrí.
Pese a ser bienvenida (extraño por los manejos del medio en el que trabajaba) no quise volver para no tentar a la nostalgia. Hoy, después de ocho meses me animé y subí por las escaleras al grito de: “llegó la alegría del hogar” y un kilo de recuerdos se me amontonaron entre la segunda y tercera vértebra. Estaba mi máquina, mi silla, mi espacio y todo aquello a lo que le había puesto nombre y de lo que me había apropiado. Sentí la extraña necesidad de ponerme a trabajar. Recordé los muchos feliz cumpleaños que cantábamos bajito para el que patrón de estancia no se ofusque, las esperas interminables en elecciones, los tropiezos al levantarme de mi silla tras horas interminables de estar escribiendo, los pies descalzos durante los días de calor, los muchos cigarrillos que escondía ante la prohibición de fumar, los berrinches ajenos, mis impulsos conciliatorios, los litros de mates, los almuerzos híper calóricos de cada mediodía, las páginas que tirábamos ante un suceso extraordinario, como aquel 31 de marzo en el que Alfonsín moría mientras yo ponía mi cartera al hombro para huir a mi casa… y la nostalgia me abrumó. Por algunos segundos me arrepentí de haberme ido, fueron breves, pero intensos. Sin embargo, cuando estuve nuevamente en la calle sentí la libertad, aquella que había elegido en contra de la comodidad de soportar a un jefe inoperante, de un sueldo inalcanzable para mis pretensiones o del tope de mi crecimiento profesional. Y respiré libertad, paz, recordé que amo con el mismo ímpetu que con el que olvido. Después de todo, la libertad no tiene precio y mis amores, pese a ser intensos, no perduran en el tiempo.









Mi pseudo espacio en mi último día de trabajo.

(Mapa: para recordar mi cuarto grado cuando cubría la sección Interior.

Foto: cuartetero desconocido que despertaba fantasías, de las feas.

Cartel: supongo que lo pusieron para que no olvide la prohibición, pero me daba más ganas de fumar.

Bolsa: estaba triste porque me iba, así que pasé por mi local favorito a buscar consuelo.

Cartera: de la colección, retro.

Tapado, puchos, teléfono, lapicera, auriculares: cachivaches que suelo cargar.)

6 de mayo de 2010

Versión libre


Escribir un libro, plantar un árbol, tener un hijo, donar un órgano.



Vale, el libro entero no es mío.




























Los plantines, ya destruidos por los cachorros, no eran ni serían un árbol.








Y los hijos son dos perros, pero la naturaleza es sabia y sólo me permitió acceder a estos canes.








En cuanto a donar un órgano, tengo mi carnet, pero dicen por ahí que no servirán ni de comida para los perros.




Bueh, es lo que hay.


4 de mayo de 2010

Palabras mágicas.

Hay fonemas que pueden ser bálsamo de entusiasmo en mi alicaída cotidianeidad. Tengo algunos vicios de los que no suelo avergonzarme, pero cuando ando con el ala rota, volando bajo, prefiero evitar mis placeres, que sólo me llevan por malos (y divertidos) caminos.
Pese a que últimamente prefiero la compañía de los perros, los pijamas y las pantuflas hay invitaciones que no puedo rechazar. Son esas noches en las que me refugio en los estragos de Sabina, un gorro de lana, botones, hilos y muchas telas que intentan ser prendas de diseño.
“Perra” y “tomar” en un mismo enunciado motivan lo más profundo de mi ser, y llegaron juntas en un mensaje de texto anónimo, el remitente aunque desconocido era una obviedad, muy pocas personas tienen mi número, menos que pocas me llaman perra y sólo algunos conocen mis debilidades.
En siete minutos cambié el calzoncillo escopeta (sí, me disfrazo y qué) por el jeen, la camiseta por algo decente y las pantuflas por mi par de zapatillas preferidas. En sólo 14 minutos llegué al remitente pecaminoso, dos minutos después la primera cerveza se ofrecía a mí: escarchadita, agria, raspando la garganta. Se me hace agüita la boca al recordarlo.
El ágape consistía en una decena de borrachos rezagados y festivos, de esos que halagan mi belleza inexistente y mi inteligencia deslucida. Diez borrachos que me habían reservado las cervezas más heladas.
El problema era que me llevaban 8 horas de ventaja y tenía que alcanzarlos antes de que salga el sol, fue casi una carrera contrarreloj.
En la quinta cerveza llegó el olvido del desamor, en la séptima mis problemas parecían resolverse, en la décima el bailar simulaba ser una actividad que me gustase. Promediando la medianoche alcancé la docena, ahí es cuando se agudizan mis problemas reales de audición, cuando nada parece tan complicado y en ese instante nace la certeza de que todo estará bien. Sólo el amor correspondido y el alcohol me permiten llegar a ese grado de convicción.
Adoro las fiestas santiagueñas: patios de tierra, algún paraíso centenario y el calor de las noches otoñales. El escenario era idílico, incluso la gente me parece más limpia y me cae simpática.
Esa es la Fernanda que me gusta, la que no carga con el personaje de “Mi persona”, la que no necesita esconderse en X; esa que se baja de los tacos y se siente cómoda en sus zapatillas roñosas verdes, la que prescinde de sus carteras… sus parafernalias, esa que es una mina más del montón sin el fucking sello de intelectualreaciaintocable.
Adoro a la Fernanda que no le importan sus problemas, que no calcula metros de telas, no piensa en botones, se olvida del doctorado, del cretino que se fue, de sus malos humores. Adoro a la Fernanda que engancha un poco de felicidad.
Y así nomás fue, volví a mí a la mañana siguiente, me encontré en un rincón minúsculo de la cama. Me puse la mochila, el personaje, los tacos y todo retomó su curso, sin embargo de a ratos esbozo una sonrisa íntima con la leve certeza de que todo estará bien, aunque no haya amor y esté sobria de nuevo.



28 de abril de 2010

Animaladas


(Permiso, voy a ser cursi, de nuevo)




Hay días en los que las personas me crispan los nervios, me decepcionan, me faltan el respeto y la tristeza es enorme. Días en los que un gil me empuja en el colectivo, un púber irresponsable maneja el carro del supermercado, un remissero me quiere meter la mano en el bolsillo, un cliente no respeta mi trabajo. Días en los que papá mal trata, hermana mira hacia el costado, hermano vive para el qué dirán, mamá desaparece. Son días en los que el despertador me grita al oído, pero prefiero quedarme quietecita en la cama para que nadie se entrometa en mi pedacito de paz. En esos días, tan reiterativos últimamente, sólo dos seres me permiten relajar los músculos. Con Federica y Bruno accedo a sonreír.

Que hace dos días dormimos pegoteados porque Federica se comió un chicle entre las sábanas es sólo un detalle, y mientras mastico bronca contra la especie humana, tan evolucionada, Bruno llora (como es su costumbre), le grito y corro a ver qué le pasa, entonces el pavote tiene su amorfo cuerpo atrapado por intentar meterse entre una reja y me olvido del gil del colectivo y estallo entre carcajadas mientras lo socorro.

Estos días en los que tengo miedo de mí, me preservo en la casa, y ellos se tiran de las orejas, se corretean, Federica le muerde un huevo al flaco y él llora como mujer. Y cuando busca revancha La Negra lo desafía con la mirada, levanta las caderas y mueve la cola (pero cuando mueve la cola mueve la mitad del cuerpo) me divierto y me olvido del púber de mierda.

Cuando la beso a Federica se va, no le gusta las demostraciones se cariño (esta perra se parece a su dueña) y la correteo, pero es rápida la porquería y se mete en recovecos inaccesibles y me olvido del remissero ladrón.

Hay días en los que me duelen los huesos por las malas intenciones de la gente, pero me distraigo y Federica trepa una verja y mete su gordo cuerpo, se escabulle y la encuentro en la calle pidiendo disculpas con los ojitos por no haber podido resistir sus instintos de callejera y me río. Y nosotros tan evolucionados que somos!.

Y entre los tres armamos discursos, el Bruno me dice mamá, Federica me llama señora y todo le chupa un huevo. Él suele quejarse de que éramos felices hasta que llegó La Negra a romper el orden del hogar, suele pedirme que la tire en la calle. Ella también presenta sus quejas, sostiene (porque lo hace con convicción) que su marido es un maricón, que corretea el día entero a pájaros inexistentes, además se queja de sus ladridos y de la tristeza intrínseca que tiene ese animal.

Y pese a los dolores de espalda y la acidez que me generan los humanos, cuando los tres salimos a caminar, ejercicio necesario porque a Federica las patas se le confunden con los rollos (en eso también se parece a su dueña) me permiten relajarme y dejar de pensar en la muchachada que me tocó en suerte con lazos de sangre, aunque a las tres cuadras la gorda pida ser llevada en brazos y el resto del camino se trate de arrastrar a la perra.

Y sí, esto puede ser una animalada, pero entre tantos humanos que me circundan prefiero la paz del hogar acompañada por las salchichas. Aunque me levante con 12 kilos de pelos castaños sobre la espalda o los lengüetazas en la cara (que odio) de Federica.

Últimamente los humanos no hacen más que sumarme engaños y mentiras, entonces opto por dejarme lamer las heridas por dos perros, al menos hasta que pueda salir de nuevo al mundo.

Feliz día del animal, queridos humanos.





(Y mi deseo es el mismo que el del año pasado: seamos más animales).







Federica cuando era una cachorrita inofensiva y Bruno con su mirada profundamente triste.


"No me importa saber si un animal puede razonar. Sólo sé que es capaz de sufrir y por ello lo considero mi prójimo".

Mahatma Gandhi

25 de abril de 2010

Señor, confieso que he pecado III.




Las ferias americanas, la venta de ropa usada o cualquier lugar donde tenga que dejar dinero a cambio de un objeto (generalmente sin valor) suelen ser una debilidad, equiparable al exceso de alcohol, el tabaco o el buen sexo.

Y hoy visité una feria americana. Demás decir que necesitaba todo lo que comerciaban.
El mini vendedor tenía cerca de 15 años, elegí un chaleco, un vestido y un pijama, la suma de la compra oscilaba entre los 70 u 80 pesos (una ganga), pero tenía que negociar así que confrontamos: el cuasi adolescente y la adulta. Ahora tengo tres prendas por las que pagué 53 pesos. Qué miserable.


Además le rogué a mi amiga que me regale el short más feo y absurdo de la feria. Tengo cuatro prendas.


Confieso que he pecado de rata y ridícula.

No me olvides.

Había una vez un domingo, sobre él andaba una niña irascible que tenía unas “no me olvides”, una canción y algunos textos que le recordaban a un cretino.
La niña estaba re podrida de la tristeza instalada así que echó las flores a la mierda y asesinó al recuerdo.




19 de abril de 2010

Diálogo absurdo.


En nuestra historia familiar sólo tuvimos cuatro perros, por lo que supongo que recordar sus nombres no debe ser una tarea difícil, claro que mi padre resulta ser la excepción de casi todas las reglas.


Mi padre: (gritándole al perro) ¡Homero, Homero!... ¿Ves Fernanda que tienes un perro tonto?, ni siquiera me mira.

Mi persona: Boly, Homero murió hace dos años y era negro, éste es marrón y se llama Bruno.



(Vale decir que Bruno y mi padre se cruzan en la casa hace más de un año).