19 de agosto de 2010

Quedarse parece ser una excelente opción, los Buenos Aires son un alivio, aunque en cada media cuadra la pobreza me estiraba la mano mientras se paseaba Louis Vuitton del brazo de una señora que parecía no ver lo que a mi se me estrellaba en la cara.
Ese montón de extraños que desfilaban sin mirarse, sin rozarse, definitivamente es para mi. Encontrarme en esquinas desconocidas, traduciendo un “guía T” que me llevaba a donde quería estar, ser una extraña entre miles de parecidos me resulto de lo más placentero. Buenos Aires me cumplió mi deseo de años: ser invisible. No juzgada, no mirada, sólo una nada que caminaba dejando la pose en mi triste Santiago del Estero.
Quedarse parecía ser una excelente idea. Sin embargo el colectivo ya está andando y contra mi voluntad me tiene a mi arriba.

3 comentarios:

Thomas Lommío dijo...

jaaa! la primera vez que fui a Bs As también me sentí invisible y me gustó la sensación. Pero por un ratito nomás. Después empiezo a extrañar mis pagos =P

Saludos!

Mel Blanc dijo...

Coincido con Lommío, aunque a mí me pasa siempre que voy a Baires. O sea, al principio, todo bien con la sensación de ser absolutamente nadie en una tierra superpoblada. Pero luego empiezo a sentir bronca, en especial cuando veo que en Porteñolandia está todo, y que a los del interior sólo nos llegan las migajas. Besos!
PD: sos santiagueña?

Mi persona dijo...

Thomas: Mis ratitos pueden durar toda una vida. Sí, soy una desarraigada.

Bienvenido, espero volver a verte por acá.

Beso.

Mel: Es indignante ver que no sólo nos llegan las migajas sino que corremos detrás de ellas.
Y sí, soy de la tierra del mistol, la chacarera y las siestas, aunque jamás probé mistol, no me gusta el folklore y no duermo la siesta ja.