2 de mayo de 2009

De historias repetidas


Las sábanas ya no tienen su olor. Pero cada rincón de las cuatro paredes conservan la esencia de él: el balcón de los encuentros borrachos; la mesa de los sí, de los no; las lágrimas; las charlas hastiadas del sentimiento que se escapaba; el rincón del teléfono -donde tantas veces renegó por su incomprensión-. Las velas gimoteando su cebo hasta consumirse. La historia se empezaba a narrar.
Ella gira su cabeza: las zapatillas de él. Abre el placard: su buzo. Busca no sabe qué, pero encuentra sus cartas, sus notas, los anillos ensayando un compromiso. Escarba en ningún lado y están sus baratijas. La fábula se renueva en la memoria
Realmente la amó. ¡Cuánto la amó!; se lo dijo una vez en la Terminal. Ella no lo entendía. Él era su mejor amigo.
A ella le gusta Sabina, a él Luis Miguel. A ella le apasiona leer, a él ver TV. Él quiere ser Rial, ella una teórica. Él tiene buen humor, ella es una histérica. Pese a todo se juraron estar juntos, casarse, tener hijos. Así de cursi.
Era pura magia. Simulaba ser la utopía realizada. El martes, el cielo lloraba. Él le anunció que ya no sería la madre de sus hijos.
X no recuerda las tres cuadras que caminó. Sólo retumba en su cabeza: “Ya no te quiero”. El eco carcome la razón.
Las lágrimas se avistaban más grandes, más pesadas. X permaneció inerte algunos días. Dejó de bañarse, parecía que la bulimia la volvería a visitar. Sólo dormía esperando despertar de la pesadilla.
Se puso de novia por piedad. Creía que un no era pura maldad, tremenda injusticia.
Ella prometió reconquistarlo. El reloj nunca dejó de hacer girar sus manivelas. Planeó tácticas y estrategias.
Año 2001. Cuando el etílico lo atrapaba: volvía, perdía perdón, lloraba. Decía que la amaba.
Las tácticas y estrategias de X se evaporaban en un beso de (ahora) pseudo-amor.
Las voces de la traición, los amigos que ya no lo eran, solían murmurar que eran dos niños. Quizás Él y X nunca entendieron que eran mayores. En realidad, ellos no comprendían ese sentir vestido de estupidez.
El reloj nos decía que el tiempo caminaba sin cesar, ellos ahora tenían un vínculo oculto, algo que rozaba la patología. ¿De qué se escondían?, él de su confusión existencial, ella de la soledad.
Él la llamaba, la buscaba. Era su obsesión. Ella lo llamaba y sólo se ahogaba en un charco de nostalgias.
Él le pedía que no lo abandonase. Decía que la necesitaba. Ella gritaba, lo agredía… e iba a reconfortarlo.
De día se ignoraban. De noche mentían. Se hacían daño.
El 24 de junio Él llegó con las estrellas. Traía regalos, sonrisas y promesas de un presente efímero, de un futuro inexistente. Se encontraban en un abrazo eterno. Sus cofres de la alquimia palpitaban a un ritmo acelerado, continuo y unificado.
De repente, los desequilibrios de X destruían el hechizo. Lo corría, le pedía que no se vaya. Sus tácticas y estrategias estaban hechas añicos. Él observaba. Sabía que ella era una histérica, una nena caprichosa. Sólo la acompañaba con la mirada.
Él desaparecía.
16 de septiembre, Ella había elegido olvidarlo. Otra vez, los instintos, los caprichos de “nena de papá” (como la llamaban) se apoderaban de X. Preparó todo el escenario de conquista. Él, como siempre, pedía perdón, lloraba, agradecía.
Esa noche, ella bebió tantos “toc-toc” que sumaron una botella. ¿Él?, tomó otros tantos litros. Se reencontraron en un mutuo perdón. Él le juró amor y le pidió paciencia. Ella estaba dispuesta a negociar lo que él quisiera. De nuevo, ella destruía la magia. Nuevamente la historia se repetía. Una y otra vez.
En noviembre él la manipuló, jugó con la vida hecha añicos de la niña. Ella enfureció: destruyó lo mundano, cada objeto ante su paso fue estrellado contra la pared. Él comenzaba a ignorarla de día y de noche.
La historia se rompió.
Año 2002. La historia no se reconstruiría.
Dividieron los bienes: él se llevó los amigos, ella se quedó con los recuerdos y el rencor.
La historia terminó. Ella, a veces, lo recuerda. Él, todo un posmoderno, se miente que es feliz. Ella se preocupa por él: ¿Quién lo consuela ahora? Él, ya ni la recuerda.

El después
La historia ya no sería un círculo. Él la olvidó, X se conformó con ser una promiscua del sentir.
Las charlas, el afecto, los sentimientos, la compañía...todo desfalleció en el desnudo recuerdo de ésta, ahora, escéptica del cariño.
Algún tiempo después ella descubrió el porqué del abandono.
La historia trajo el año 2006, ya no lo ve… ya no andan por las mismas calles. X ya no lo ama.
El tiempo se encargó de rellenar con nuevos recuerdos la penosa memoria de X. Ella ya no piense en que podrían haber sido tan felices que toda utopía les quedara pequeña.

4 comentarios:

el Rafa dijo...

Este post es realmente comprometido e intenso. Muestra miserias y todos tenemos un tomuer en placard...

Suena a que X ya no se miente y no juega mas ha hacerse daño... pero quien de nosotros no ha forzado el limite del propio sufrimiento?

Personalmente tambien he vivido relaciones rasposas con promesas cuyo unico sustento eran las ganas de querer prometerse cosas grandes... de eso tambien aprendi!

Beso desconocida.

Mi persona dijo...

Pero mi querido desconocido, quién no ha tenido de estas historias que dan pena o verguenza contarlas!.
Yo soy de las que creen que son estrictamente necesarias para el prontuario amoroso. Evitarlas es perderse un poco de vida. Sí, sí, yo soy una tanto optimista ja.
Beso y gracias.

Lorena dijo...

Mi querida conocida, si esta historia es la misma que yo conozco (salvo esas noches que mantenían ocultas), hay un dato erróneo: él no se quedó con todos los amigos. Besos, Fer

Mi persona dijo...

Querida Lore, las conclusiones forman parte del anecdotario, ya no hay rencores ni sumas ni restas de quién ganó más. Es una historia que escribí hace mucho tiempo, pero mis recuerdos suelen ser atemporales.
Gracias corazón.
Beso.