25 de abril de 2010

Señor, confieso que he pecado III.




Las ferias americanas, la venta de ropa usada o cualquier lugar donde tenga que dejar dinero a cambio de un objeto (generalmente sin valor) suelen ser una debilidad, equiparable al exceso de alcohol, el tabaco o el buen sexo.

Y hoy visité una feria americana. Demás decir que necesitaba todo lo que comerciaban.
El mini vendedor tenía cerca de 15 años, elegí un chaleco, un vestido y un pijama, la suma de la compra oscilaba entre los 70 u 80 pesos (una ganga), pero tenía que negociar así que confrontamos: el cuasi adolescente y la adulta. Ahora tengo tres prendas por las que pagué 53 pesos. Qué miserable.


Además le rogué a mi amiga que me regale el short más feo y absurdo de la feria. Tengo cuatro prendas.


Confieso que he pecado de rata y ridícula.

3 comentarios:

Anónimo dijo...
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Mel Blanc dijo...

Mirá querida: creo que a veces uno se enamora de una o más prendas de vestir sin importar si las venden en una tienda parisina, o en un mesón de un mercado de pulgas. Particularmente, me encanta comer los sanguches de milanesa que se elaboran en los lugares menos aptos sanitariamente, y no me siento menos por eso. Aquí lo importante es ser uno mismo, o no? Besos!
PD: gracias por pasar por la nueva casa.

Mi persona dijo...

Pero querido!, qué importa de dónde proviene la prenda o el sandwich (bueno, en eso sí tengo ciertos cuidados).
Mi pecado fue ser una rata y aprovecharme del niño haciéndole la guita cuando todo era más que barato!.

Por cierto, mi amiga comentaba que el muerto era grande cuando la ropa era de algunos talles más que el mío, y vos te crees que me dejé de medir? ja!

Beso. Estoy volviendo a la nueva cobacha, me gusta.