24 de noviembre de 2008

Homero

Homero era un alcohólico. Huraño y de pocas palabras. Aún en sus últimos días oía la licuadora y alistaba su taza para beber daiquiri, aunque su preferido era el whisky con dulce de leche. Todo lo solucionaba consumiendo azúcar. Oír un caramelo desnudándose lo hacía saltar (literalmente) de dicha.
Era parco, para él sólo existía un ser al que le sonreía, aunque muchos intentaron sobornarlo con algún bocadillo. Nunca le importó eso de “respetar la mano que te da de comer”.
Pequeño, oscuro de ojos color miel. Orejas disimuladas, cejas castañas. No era un alfa, pero tenía tal garbo que su estirpe poco digna era disimulada.
Antipático, apático. Jamás simpático.
Todo aquello que deseaba lo conseguía. Por las buenas o por las malas, generalmente sus formas eran hoscas, sin vueltas. De humores inestables. Evitaba a todo ser humano en la calle. Era un tipo libre. Las ataduras propias de su andar jamás lo detuvieron. Huyó de lugares indeseables, y amó a unos pocos.
Entre sus actividades preferidas se ubicaban el descanso y yirar. Peleador callejero, tantas veces me tuve que interponer a sus ganas de mostrar su tamaño; conflictuado, sin embargo se las arreglaba para dar tímidos abrazos.
Jamás obedecía. La cama le pertenecía y el alcohol era una constante. No tuvo otros vicios.
La última borrachera lo encontró delirando en una vereda y entregándose al sueño.
Un jueves por la siesta su corazón latió más fuerte, tanto que casi no lo soporta. El suero lo estabilizó, pero cuando lo vi me contó que ya había sido suficiente para él. Había conocido la noche, viajado de polizón, vivió solo, acompañado. Siempre soltero (dicen por ahí que tenía tendencias raras en la cama). No dejó herederos.
Sus ojitos me dijeron que ya no querían seguir por aquí. Y lo dejé libre.

2 comentarios:

Juanjo Domínguez dijo...

Es la primera vez que leo algo sobre un perro alcohólico. Tenía que ser tuyo. Me gusta tu blog, Fer. Besos.

Mi persona dijo...

Una lástima que no se hayan conocido Juanjo, te habría invitado unas copas mientras escuchaban Sabina. Un gusto tenerte por aca. Besito